martes, 18 de marzo de 2014

En el marco de la presentación del libro Cuentos bajo el portal azul, tuve el honor de poder leer mi cuento Profiteroles. 
Quiero agradecer especialmente a Editorial Dunken quien a través de su programa ROI permite que escritores amateur podamos tener la oportunidad de ser editados.
Agradezco a Wally Zambon (compiladora) Marita Rodriguez-Casaux, Sabrina Mariel Vega y Ricardo Tejerina por la calidez humana y hacernos sentir a todos los participantes un poquito escritores.

viernes, 8 de junio de 2012

Encuentro casual


 Sonaba el bis del final cuando ella, apurando el paso, se dirigió a la salida para ganar la calle con la firme intención de tomar un taxi, la salida de los recitales en  La Trastienda solían ser caóticos. En el apuro se tropezó con él que intentaba subirse al único auto disponible en la esquina. Una mirada cómplice fue suficiente para invitarse a compartir el viaje.
 Cuando el taxista preguntó el destino, él acotó que primero dejarían a la señorita.
-         Voy a Palermo, Borges y Guemes- apuntó mirando a su ocasional acompañante.
-         Yo también me bajo por allí- dijo Javier.
 Ángeles, una hermosa morocha ecuatoriana treintañera, llegó a Buenos Aires dos años atrás, cuando la empresa multinacional para la que trabajaba, la nombró encargada comercial para Argentina. Aquí empezó a disfrutar del rock y la pasión de los jóvenes por esta música.  Por eso fue a ese recital, mezclada con gente de todas las edades.
 Javier, un hombre cuarentón de buena presencia, arrastraba muchas frustraciones sentimentales, creía que ya jamás iba a lograr que una mujer se enamorase de él. En su interior envidiaba a sus amigos que tenían esa facilidad para la conquista y que lograban que las mujeres murieran por ellos.
 En el trayecto el diálogo fue amable, ella se sintió halagada por algunos comentarios de Javier y  no dudó en aceptar tomar un café con él antes de llegar a su casa.
 Hicieron parar el taxi en la zona de Plaza Italia, se metieron en un bar que tenía todas las mesas ocupadas, pero no se inquietaron, en pocos minutos se pudieron ubicar. El lugar era acogedor, con buena música, sin estridencias, ideal para la charla.
 Hablaron de sus historias personales, de sus gustos Ella siempre sonriente; él atento y cuidando las palabras para no incomodarla,  no quería perderla. Encontraba en Ángeles, la mujer que podría ser quien cumpliese sus deseos.
 Se sucedieron las tazas de café. Empezaba a terminar la noche con el cielo aclarando, cuando ella sugirió seguir la charla otro día. Como un caballero se ofreció acompañarla hasta su casa. Ella, cuidadosa, le respondió que no era necesario por apenas un par de  cuadras. Él  sintió que perdía una nueva oportunidad, ya en la puerta del bar él le entregó su número de teléfono escrito apurado en una servilleta, ella lo guardó en el bolsillo del jeans.  El rostro de Javier se endureció, esperó reciprocidad aunque trato de no dejar ver su frustración. Salieron caminando en la misma dirección, él la frenó a ella frente a un edificio en construcción, se le acercó como para besarla,  mientras sacaba de su bolsillo una sevillana que sin mediar palabras hundió en el cuerpo de Ángeles, en más de un oportunidad, dejándola caer desangrada.
 Sin inmutarse metió sus manos en el bolsillo y siguió caminando, ahora mucho más aliviado. Por primera vez una mujer murió por él.

Horus
Horacio Cabral. © todos los Derechos de Autor Reservados.



miércoles, 30 de mayo de 2012

Deseo cumplido


Ella era la única de su círculo de amistades que estaba sola, sin amor, por eso deseaba tener como sus amigas, un hombre que le volara la cabeza. Esa noche, despues del clásico encuentro semanal donde todas se contaban hazañas y romances reales y no tan reales, pero suficientes como para generar envidia, llegó a su casa y sin dudarlo busco por internet y encontró lo que necesitaba. Ansiosa cargo los datos de su tarjeta de crédito para contratar los servicios de ese hombre que iba a hacer realidad su deseo. Después de eso se sentó, con una copa de champagne en la mano, comodamente en el living a esperarlo, había acordado que dejaria la puerta sin llave, para que pudiese entrar y sorprenderla.
Tardo menos de una hora en llegar, fue muy efectivo y rápìdo para cumplir su trabajo, ni siquiera le dió tiempo a que ella dudase o se arrepintiera. El disparo fue certero, la bala del magnum .358 ingreso por la nuca y salio por la boca. Ella habia contratado un sicario, que le voló la cabeza.

Horus
Horacio Cabral © todos los Derechos de Autor Reservados.

domingo, 20 de mayo de 2012

Reencuentro




  Cuando recibió el llamado se le iluminó la mirada. Habían pasado más de 20 años desde aquella despedida. Del otro lado de la línea estaba Constanza, pidiéndole volver a encontrarse.

  Fue a principios de los años 80 cuando se conocieron, Hilario había llegado desde su Santiago del Estero natal, buscando oportunidades para vivir, tras de sí había dejado año de pobreza y la muerte de sus padres.

  Al principio fue changarín en el Abasto, luego consiguió empleo en una verdulería en el barrio de Barracas, de la que con el correr de los años sería su dueño.

  Fue allí donde se conocieron. Ella, una muchacha muy culta y de buena familia, escapaba de la rigidez y la rutina familiar cocinando para sus hermanas y amigas, con quienes cada tarde se reunían a tomar el té, mientras charlaban sobre romances ocultos y comentaban las telenovelas vespertinas.

  Él la conquistó con sus buenos modales y, sobre todo, con su humildad. Ella lo deslumbró por su cultura y su sonrisa encantadora. Constanza cada día encontraba motivos par ir a hacer las compras en la verdulería. Hilario esperaba ansioso cada mañana que el reloj marcara las 10, que era cuando ella llegaba.

  Después de mucho vacilar se animó y la invitó a pasear. El primer encuentro fue un paseo por Plaza Italia y una visita al Jardín Botánico, una primaveral tarde de domingo. Para esta salida Constanza contó con la complicidad de sus hermanas para que su padre, un prestigioso jurista, no se enterase, dado que jamás aprobaría una relación con un negrito pobre y verdulero.

  Las trabas impuestas por esta familia patricia, la sumisión de Constanza y el respeto desmesurado de Hilario a las tradiciones que no eran suyas hicieron fracasar el romance. Ella se casó con un joven subteniente, hijo de una familia amiga, recién egresado del Colegio Militar, con quien, debido a su carrera, vivió en diversas ciudades de la Argentina. Él se quedó por siempre en su verdulería.

  En esa llamada sorpresiva acordaron encontrarse en el bar de Sarmiento y Rodríguez Peña, el bar del primer beso.

  Llegado el día, él solo sabía que ella se había divorciado y que tenía tres hijos. Ella sabía que él nunca se había casado. Él estaba nervioso, volvía a encontrarse con el amor de su vida, la ansiedad, los deseos y mil cosas pasaron por su cabeza.

  Se sentaron en la misma mesa, la más alejada de la puerta, se miraron y los ojos de ambos brillaron, se potenciaron, cuando él la recibió con un pimpollo de rosa. Hubo un pequeño racconto del pasado y el corazón de Hilario galopando en su pecho hinchado de emoción. Esperaba este reencuentro, imaginaba un reinicio, para la ocasión, pudo conseguir para perfumarse el viejo Old Spice que a ella tanto le gustaba.

  Constanza volvió para hacerle cumplir un promesa,  En aquellos años, Hilario, le había prometido que haría cualquier cosa, en cualquier momento y ante cualquier circunstancia para evitar que ella sufriera, solo se lo tenía que hacer saber.

  Y allí estaban, él no recordaba esa promesa hasta que ella se lo mencionó, junto con la confesión de que padecía una enfermedad terminal, que le daría mucho sufrimiento y agonía en sus últimos meses de vida. Constanza le vino  a pedir que se haga cargo de dejarla morir.

Horus
Horacio Cabral © todos los Derechos de Autor Reservados.

sábado, 5 de mayo de 2012

Sin tibieza

Sin tibieza.

Estalla la mañana
el sol con sus rayos
invade la oscuridad
del refugio donde me hallo.


Sensaciones vividas
realidades deseadas
busco sin pensarlo
el calor de tu mirada.


Y el sol con sus rayos,
calentara mi fría tristeza
no habrá vida sin corazón,
ni corazón con tibieza.


Horus
Horacio Cabral © todos los Derechos de Autor Reservados.

sábado, 28 de abril de 2012

Camino de ausencias.

Noche de unánimes silencios,

caen rayos de luna a borbotones.

Paseo la soledad por la calle

con el alma llena de moretones.


Recorro un camino de ausencias

imponiendo un pensamiento hostil

¿no ves acaso mujer que me voy,

porque no puedo olvidarme de ti?


Horus

domingo, 1 de abril de 2012

Un pijama y una navaja.

En un tétrico quirófano, sobre la camilla, yacia ella,con su delicado pijama rosa
inmóvil por una potente luz que la encandilaba. Se sentia como un cobayo a punto de ser diseccionado. A su alrededor los secuestradores, sus propios fantasmas, que la observaban regocijandose, sedientos de sangre. Pero ella los sorprendió, no contaban que escondia en su manga, una navaja, con la que les rompió sus atuendos dejandolos vencidos, desnudos, sin sábanas, y ahora también sin lugar donde habitar.

Horus.